Blogger Template by Blogcrowds.


Bueno, como verán, en vez de gastar papel y provocar la muerte de árboles inocentes, tengo apuntes  en el iPhone.
Temas del momento, tecnología y medio ambiente, relacionados entre si.
Con estas cosas los medios nos bombardean, todo vale con tal de no hablar de la crisis, que es real.
Nos quieren distraer, buscan destacar temas que ocupen el debate público.
Sino ¿porque aparece a veces el debate de los toros?...
Arte o maltrato, cultura o barbarie, mientras tanto el problema económico está ahí.
Siempre vimos escrito en los muros frases como "defendamos a los toros", firmado... "Movimiento humanista", o  "salvemos a los toros", "los toros también sufren", firmado... "Movimiento de protección a los animales".
La crisis es tan grave que  el otro día leí en una pared "Salvemos a los españoles, son seres vivientes", firmado, "Los toros". Con las cosas que les hacemos y se apiadan de nosotros.
Volviendo a la tecnología, que no es un problema baladí... ¿Dije yo eso?, ¿Qué querrá decir? ¿Una balada cantada en árabe? No importa, sigamos
En mi oficina compraron iPads, es como un portátil que adelgazó modelo de pasarela Cibeles, para reemplazar totalmente al papel, que a partir de ese momento quedaba prohibido, bajo amenaza de despido.
Reemplazar completamente el papel... no es posible. ¿Han probado limpiarse el culo con un iPad?, raspas, raspas y no queda bien.
Un compañero mío, Armando fue el primero que lo hizo.
Ahorró papel..., salvó un sauce..., es verdad. El mismísimo sauce le mandó una carta agradeciendo. Pero para la carta usó papel..., con lo que mató a un chopo vecino del bosque de al lado. Se convirtió en asesino, lo condenaron a muerte en un juicio forestal. Murió ejecutado por un vasco con boina.
Hoy forma parte de una revista, no, si al final está todo unido.
El caso es que después de que mi compañero se limpiara malamente,  se presentó otro problema..., ¿cómo limpiar el iPad?
Armando llamó a la Apple porque estaba en garantía, a un número con prefijo 999, le avisaron que el coste era de 4 euros el minuto, y que estaba siendo grabado.
Ahí uno ve que se toman en serio tus quejas.
Antes te atendía un operador desde Centroamérica o Sudamérica, en general son más baratos para la empresa y de paso el que llama desde aquí aprovecha para aprender otro idioma.
Ahora te atiende un ordenador con reconocimiento de voz, que te comprende y te responde, pero son menos simpáticos.
Después de escuchar un par de temas, lo atendieron.
Fue guiado por un menú de preguntas e instrucciones para explicar su problema;  puso el manos libres, así todos podíamos oír y cooperar.
- Si su problema es de teclado diga TECLADO, si es de pantalla, diga PANTALLA- una voz anodina lo guiaba.
Este Armando que era argentino, gritaba ¡PANTAYSYSHA!, ¡PANTAYSYSHA! y el ordenador no le entendía.
Pero como son muy listos intentan averiguar tu localización para ajustar su recepción al acento de la zona.
- Diga el nombre de la ciudad de España de donde llama - y éste: ¡SSARAGOSSA!, ¡SSARAGOSSA!
- No le entiendo, repita. - así varias veces, hasta que mi compañero perdió la paciencia.
- ¡SSARAGOSSA!, ¡Pelotudo, la reconcha de tu madre!
- Le paso con el centro de reconocimiento de voz de Buenos Aires, disculpe la demora - y empezó a sonar un tango de Gardel. Asombrosa la inteligencia, educación y ganas de agradar de estas máquinas.
- Escucháme bien lo que te digo.- cambio de dicción, Ricardo Darín y Valdano,  pero en el tono frío y metálico de un sintetizador de voz
- Si tenés un problema con la pantalla apretá el 1- y tomó aire ¿raro, no?
- Si tenés un problema con el teclado apretá el 2 - desesperado, mi compañero pulsó 12.
- No, el 1 o el 2 tenés que apretarrrrr, apretarrrrr.- más se impacientaba, más parecía King África. Armando le daba al 12, al 21.
- Que hacés boludo, te dije 1 o 2, de donde sacaste el iPad, lo robaste. Compráte un cuaderno y un lápiz sudaca de mierda, el iPad no es para los indios como vos.- el ordenador hablaba con la voz del Mono Burgos.
De cualquier manera ahí el ordenador estuvo mal, no se le puede decir eso a un cliente. Supongo que con el tiempo irán puliendo las pautas de comunicación.
- La puta que te parió, sos un hijo de remil-yeguas-putas- le respondió mi amigo Armando, liberando del todo el argentino cabreado que llevaba dentro.
- Y vos seguro sos un come mierda hincha de Boca, como el falopero del Diego- le respondió el ordenador. Fabuloso, en la oficina ya nadie trabajaba, incluso los clientes se habían acercado para escuchar mejor.
Ahí se enzarzaron en una pelea dialéctica.
- Hashé de nuevo la primaria, idiota - el ordenador no se cortaba.
- Hijo de un telégrafo con Parkinson y una vieja IBM sifilítica- Le decía Armando...
Un ordenador responsable de atención al cliente interrumpió, para poner orden.
- Perdón, soy HAL-9000 el que trabajó en 2001 una Odisea del Espacio, yo tampoco la entendí, por eso maté al astronauta, pero ya cumplí mi condena. Me disculpo por la mala educación de nuestro ordenador Pampa2010 que ha sido infectado por el virus "Messi I love you". Aunque usted también tiene un boquita...
- Por favor reinicie el iPad y si el problema continúa vuelva a llamar, mencionando el número de incidencia 134HAXZX...- volvíamos al principio.
Ya había mucha gente queriendo ir al servicio, sin saber como manejarse con este tema. Algunos que habían comenzado a tener contracciones o romper aguas bajaban al bar. 
Mi compañero Armando volvió a llamar, la voz  dijo:
- ¿Otra vez usted, que pesado? Ahora el coste será de 8 euros el minuto por ser reincidente, y le facturaremos la cinta BetaMax usada para la grabación.- ¿BetaMax?, nos miramos asombrados, eso era súper antiguo, ¿en Sudamérica todavía estaban con eso?, aquí ya estamos usando VHS.
De todas maneras, ya habían reprogramado el módulo y el ordenador dijo:
- Explique verbal y educadamente su problema-
Mi compañero pronunció clara y pausadamente.
- Mi iPad tiene un problema de mierda en el teclado...- y no le dejaron seguir explicando.
-Ya estamos de nuevo, para insultar elija una opción de las siguientes: Para mandarme al carajo pulse 1, Para mencionar a mi puta madre pulse 2, Para cagarse en mis muertos, pulse 3.
- Usted ha elegido 2, Confirme con almohadilla esta última opción. Y sepa que lo mismo le digo a usted.
- Ahora continúe en línea otros "euros" más para cumplimentar nuestra encuesta de satisfacción por la atención recibida. - ¡Dijo euros en vez de minutos!
Ahí se notó que los ordenadores van asimilando nuestra picaresca, pero también cometen actos fallidos, que son expresiones involuntarias reveladoras de un deseo inconsciente, según Sigmund iFreud.
Sin pretensiones intelectuales, voy a aclarar lo del acto fallido.
Como ejemplo, hace poco una ex-ministra francesa de economía quiso decir inflación y dijo felación. Eso demuestra que estaba pensando en otra cosa.
Reveló que en su inconsciente ella sabe que la economía, del modo que la proponen los ultraliberales, es la sodomización del pueblo o una felación forzosa a la que se nos obliga.
Forma parte del catálogo de prácticas consideradas aberrantes, cuando se realizan por la fuerza y sin consentimiento del copartícipe pasivo.
Bueno, esa mujer se confunde alguna que otra vez. En una revista del corazón que leí en la peluquería, y que se fabricó con la celulosa del pobre sauce del que ya les hablé, decía que se lió con Ansar, pensando que se liaba con un ser humano. Se acuerdan de Ansar, el ex-presidente políglota que hablaba inglés tan bien, recuerdo que decía:
- Yo apoyo al presidente Bush - todo en perfecto inglés, y atención a la frase siguiente:
- Why reason?, why reason? (porqué razón, porqué razón).
- Why he’s my friend, (porque él es mi amigo), he´s one uncle why (él es un tío guay).
Y mientras lo decía, se ponía un sombrero tejano, fumaba un puro y mostraba sus abdominales de tableta de chocolate. 
De aquí volvamos a nuestra tableta digital, estábamos a punto de rellenar la encuesta por el iPad.
Y lo hicimos, la completamos con i...racundos i...nsultos e i...mproperios.
Estuvimos una hora criticándolos, ganaron una fortuna en la comunicación pero su moral habrá quedado por los suelos. Terminamos mandando el aparato al servicio técnico por iSeur. A los empleados nos distribuyeron iPañal, para que no perdamos tiempo en ir al servicio.
Es un producto pensado para niños y viejos incontinentes; es ecológico porque no usa papel, se hace con piel de delfines; recicla los deshechos orgánicos y lo convierte en comida para mascotas. 
Es que tenemos un problema medioambiental insoslayable, aunque no sé muy bien el significado de esta última palabra.
Recuerdo que el primo de Rajoy negaba el problema...,¿Se acuerdan? No de Rajoy..., del primo..., se acuerdan?
Ése que era científico.
No, el que fue preso por secuestrador era el hermano del científico y estudió otra carrera, éste que yo digo era de buena familia.
Hablando de eso...,¿A quién habrá secuestrado el primo malo...? ¿A la niña de Rajoy a la que invocó en el debate? Por eso nunca se la vio.
Bueno, no la vimos porque talvez pertenecía al mundo de la fantasía, como la España que nos describía Zapatero en el mismo debate..., bueno, la que sigue viendo ahora, pero que nadie más ve.
En cambio Rajoy parece que tiene una mirada desenfocada pero lo que tiene es visión 2D, un ojo en cada dirección, mira al mismo tiempo al presente y al futuro que nos tiene reservado.   
De cualquier manera, acostumbrémonos porque nos tocará de presidente.
No sé ustedes pero yo tengo la sensación de que las próximas elecciones serán como elegir entre el insecto o el insecticida.
Una vez vi una entrevista con un indio viejo, enfermo, expulsado de sus tierras y sin nada para comer, seguramente lo defendió Steven Seagal.
- ¿Que piensa hacer?- le preguntaron.
- Indio sufrir desde siempre y estar acostumbrado a esquivar tiro: si venir alto nos agachamos, si venir bajo, saltamos.- respondió
- ¿Y si viene al medio?- preguntó la periodista
- Indio pensar sobre la hora lo que se puede hacer...
Los indios son muy sabios. ¿Por qué será que les va tan mal? Debe ser que improvisan un poco.
Aunque saben más que nosotros del medio ambiente.
Medio......... ambiente......, analizando la expresión puede verse que ya nos conformamos con poco, solo con salvar la mitad..., en la que vivimos nosotros por supuesto, el indio y el resto que se jodan.
Pero piensen en el problema del agua. Nuestro río da pena cuando viene el verano. Un día había tan poca que lo crucé caminando. Es curioso, prueben: con un poco de imaginación se puede fantasear que uno es Moisés.
Como él, me paré en la orilla y dije: Sésamo ábrete. Creo que no era así, pero las aguas se  retiraron; la verdad es que se habían retirado unas semanas antes. Empecé a caminar sobre el lecho seco, impresiona, está tan diferente.
Al barquito ese, ahora tuvieron que ponerle ruedas; queda ridículo pero como no es autobús y nos cuesta carísimo..., eso es lo único importante.
El asunto es que casi me atropella, un siluro que pasaba en patines me empujó a tiempo y me salvó.
Es que ya no pueden nadar, si el río estaba seco.
Me paré para agradecerle...Pobre animal..., no estaba nada bien, criaturita e' Dios.
- ¡Tronco!, ¿Me dejas unos durillos para comprarme agua mineral? Estoy muerto de sed, y la poca que hay en el río está muy contaminada.- dijo.
Dio la casualidad que yo venía del súper, le di una botella de las que llevaba conmigo, prefiero eso a darles dinero que se lo gastan en bebida o algo peor, enseguida vinieron otros y se levantó una gran polvareda.
Todos pedían cosas..., están pasando por tantas necesidades....
Me contaban que para salvar a sus hijos peces los habían dejado ir con un japonés dueño de un restaurante a trabajar como camareros, palabra que en japonés se dice Sushi.
Preferí no decirles lo que sé sobre los japoneses, pero les aconsejé no ir a comer a esos restaurantes nunca..., fue una conversación triste.
En esos momentos en que uno ve de cerca tanta necesidad, tanto sufrimiento, es cuando emerge lo mejor del ser humano: la solidaridad, el desprendimiento, en suma el ser intrínsicamente bueno que anida en cada uno de nosotros. Te dan ganas de ayudar: fundar una ONG, pillar subvenciones, atribuirte un salario de puta madre para ti y tus amiguetes y dejar por fin de sufrir y pasar necesidades.
Pero antes de conseguir tan nobles objetivos, en aquellos momentos no podía negarles ni la crema humectante que me pedían para su piel reseca y escamada.
Las percas me preguntaron si les dejaba el bronceador con protección 60 que había comprado.
- Es que leímos que el sol provoca cáncer de piel - me dijeron.
- Si, poneos bastante - les dije
Los más macarras me pillaron las cervezas, las patatas fritas y la tabla de quesos.
No todos abusaban, unos me dieron dinero para que les compre calzado de tracking en el Decathlon.
Es que sin agua y con esas piedras tan duras se hacen daño. Cuantas penurias pasan..., Criaturitas de Dios. Me contaron que hace meses que no pueden ni ducharse.
Estuvimos conversando un buen rato.
Los siluros temen a Zapatero porque defendió a Zarkosy que expulsa rumanos de Francia. Temen que los quieran echar ahora a ellos porque en realidad son extranjeros.
Los trajeron como cebo los turistas que venían a pescar, consiguieron escaparse y se quedaron por aquí, con esfuerzo se han conseguido una vida.
Lo mismo le pasa al mejillón cebra. Después de sobrevivir a los leones y cocodrilos del Kalahari y venirse en patera, ahora los quieren mandar de vuelta.
Cuando había agua para todos no había problemas pero ahora..., hasta les echan la culpa de la escasez, que vienen aquí a beberse el agua nacional...
- Porqué no van hasta Tarragona que hay más agua.- les sugerí.
- Estás loco, estamos empadronados aquí, ya hemos presentado certificados de arraigo y demás papeles en la delegación del gobierno en la plaza del Pilar, para obtener la ciudadanía.
- En Cataluña se está poniendo peor, ¿no lee los diarios? - me preguntó otro en tono criticón.
- Te piden un nivel de catalán muy alto, si no, nada.
- En Barcelona están empezando a deportar a las cotorras de la diagonal, las delata su acento argentino. Las de aquí del parque Tío Jorge y del Galacho por ahora se salvan.
Tenía que irme, prometí volver con más agua y ropa de lana por si bajan las temperaturas.
Sé que con eso no arreglamos nada pero no podemos quedarnos de brazos cruzados, es más útil y práctico andar con los brazos a ambos lados del cuerpo; ya me dirás si no, como te sujetas dentro del autobús o te rascas la nariz.
Tampoco podemos cerrar los ojos, es un peligro caminar y cruzar la calle así, leer ya ni te cuento.
Volví a apartarme del tema que era...
Ah ya, el medio ambiente, hay que reconocerlo, la naturaleza está cabreada con nosotros. El otro día desayunaba en una terraza y unos gorriones me robaron la tostada.
Hay otros efectos más graves, casi imperceptibles.
Nacen criaturas con deformidades o mutaciones, otras las adquieren con el tiempo, como las actrices operadas.
Las mutaciones son el peor peligro que nos acecha, y si no me creen, miren al PSOE.

FIN
R.López, Octubre/2010

 
Estaba leyendo por primera vez una tira de Mafalda, cuando mi primo Oscar vino a preguntarme si quería acompañarlo a buscar a uno de sus amigos, para después acercarnos al río y nadar en la piscina natural que se formaba bajo el puente.
La verdad es que esa tarde prefería lectura bajo la sombra, disfrutando la calma de la sierra, en la segunda semana que pasábamos en casa de mis tíos.
Todos los años esperaba pasar el verano con mi primo. Teníamos la misma edad; de chicos jugábamos durante horas sin peleas ni discusiones y de adolescentes pasábamos el tiempo hablando de chicas. Siempre nos quejábamos de que nuestros padres, dos hermanos muy unidos, hubiesen encontrado su lugar en el mundo separados por tantos kilómetros.
Pero este verano, algo se había interpuesto entre nosotros dos enrareciendo la amistad que nos unía; parecían haber cambiado nuestros códigos. Oscar se había desarrollado y tenía la corpulencia de un chico de dieciocho años, en un año me había sacado una cabeza de altura. Yo odiaba que mi cuerpo ni se enterase de que ya había cumplido dieciséis. ¿Qué pretendía la jodida naturaleza, dejarme varado en los catorce como un Peter Pan que encima no volaba? Me sentía traicionado por mis hormonas y por mi primo, que para no desentonar con su nueva imagen, se movía y comportaba como un “muchachote”, según lo describió mi madre mientras mi hermana menor lo miraba embobada.

-Vamos, Lito, no te vas a quedar leyendo revistas para chicos, mi viejo me prestó el coche y podemos ir a buscar a toda la banda.
Lo que faltaba. Lito es el diminutivo de Carlos, siempre me había llamado así y me gustaba, pero ahora sonaba a algo "pequeñito". ¡Su padre le prestaba el coche y el mío no pensaba hacerlo hasta que yo no cumpliese dieciocho! Tenía que reconocer que la cosa tenía su lógica; a él el coche le sentaba bien, y a mí me quedaba grande por varias tallas. ¿En que momento había cambiado tanto el mundo sin que me diera cuenta? ¿Por qué yo, que al leer la primera tira supe que Mafalda no era para chicos, parecía un niño? ¿Por qué él y sus amigos, que creían que Snoopy era de Walt Disney, y no habían escuchado a Bob Dylan, parecían “muchachotes”?

¿La banda? Su “banda” me parecía un grupo de simplones cuyo crecimiento corporal desmesurado había consumido todas sus neuronas y la grasa de sus acnés, que, por cierto, habían desaparecido en el último año. Todos tenían ese acento del interior profundo, una modulación ondulada que extendía el sonido de la vocal en la primera sílaba, tal como lo haría una oveja si aprendiese a hablar. Así eran en esta tierra de sierras y montañas que hasta el verano pasado me caía bien. Yo era de las llanuras, en cientos de kilómetros no había una elevación mayor de veinte metros, no teníamos necesidad de crecer tanto porque no teníamos sierras que ocultasen el horizonte. Nuestros ríos parecían mares, y hablábamos con un acento lineal y uniforme que sonaba cosmopolita. No señor, no le acompañaría porque acababa de descubrir a una niña genial con la que encontrabas sutil gracia en la vida de personas corrientes, y eso era mejor que ir a….

- Iremos a buscar a Liliana primero y después a los demás, así va adelante con nosotros. ¿Qué tal? – Me preguntó, cortando mi línea de pensamiento.
Eso ya era otra cosa. Liliana era una preciosura de ojos verdes con un cuerpo perfecto y su acento sonaba dulce y musical, muy diferente al de estos rústicos montañeses; sus ondulaciones, las del habla y las de su geografía, me recordaban un campo de trigo de mis llanos mecido por el viento. No era la chica de ninguno; era pariente de mi primo por una rama familiar que me era ajena, lo que le dejaba a él fuera del campo de juego. Mejorando lo perfecto, era más baja que yo, por tanto, divinamente accesible; debía actuar antes de que creciera más. De momento, contaba a mi favor que mi forma de hablar le resultaba encantadora.
Contra ella, Mafalda no podía competir; debería esperarme para continuar explorando nuestras coincidencias intelectuales. Así que dejé la revista para después, y salimos en coche a buscar a Liliana.

Apareció con unos shorts tejanos y la parte superior de un bikini que mareaban, nos dio un beso y se sentó entre los dos.
Muy a mi pesar, buscamos a los demás. Ella besó a todos, encantada de ser la única chica del grupo y saberse admirada; era la reina de la montaña y el llano, y nosotros sus súbditos.
Llegados al río, yo me mantenía distante y casi todo el tiempo dentro del agua. Mi físico no estaba mal, practicaba gimnasia olímpica y natación, pero al lado de los otros parecía el hermano pequeño. Además, no quería ser un abejorro más de los que zumbaban atontados alrededor de la bella avispa, en algo había que marcar la diferencia.

No podía dejar de mirar a Liliana; cuando salía del agua, las gotitas sobre su piel reflejando el sol, eran como pequeños brillantes que perfilaban su hermoso cuerpo bronceado.
Había que llamar su atención y mostrarle que yo era el más…, no sé qué, el más interesado en ella y al que menos se le notaba, por ejemplo.
Examiné la profundidad en esa parte del río y la altura del puente, y decidí saltar desde allí con olímpica elegancia; pocos se animarían, pero yo era un idiota de la llanura y sabía caer en arco sin hundirme mas de un metro.
Subí al puente, hice un poco de teatro como midiendo el riesgo de lo que iba a hacer. Mi primo, preocupado, me gritó. – ¡Lito, ojo, no hagas un clavado!-. Dudé un poco, pero cuando ella me miró, detecté cierta admiración, vi que ya no había vuelta atrás y salté.

Sabía que todos me veían volar con los brazos abiertos, detenerme un instante en el aire para marcar el punto de inflexión mirando el horizonte, juntar los brazos y apuntar hacia abajo. Caería con el cuerpo ligeramente arqueado, formando un ángulo de cuarenta y cinco grados con la superficie del agua.
Olvidé que estábamos en la montaña. Donde debería haber una línea recta dividiendo cielo y tierra, encontré un montón de cabras corriendo ladera abajo. Mi trigonometría no estaba adaptada a múltiples referentes en movimiento, por lo que el cálculo tuvo demasiados decimales.
Entré demasiado fuerte y mis brazos se vencieron al encontrar el fondo. Mi frente y mi nariz se enterraron en arena y pedregullo, un crujido de dientes y cervicales chocando una con otra me gritaron que había calculado mal. Crónicas posteriores me describieron como un poste de luz clavado en el medio del río con las piernas sobresaliendo del agua.
Me ardía terriblemente toda la cara, nadé hacia la orilla con estilo, pensando en disimular el ridículo que había hecho. Mientras braceaba con los ojos abiertos veía que bajo el agua se formaba una nube roja a mí alrededor, pensé como podía ser tanta la sangre que salía de mis labios heridos o de mi nariz, si es que todavía la conservaba. Me imaginé a las pirañas del Amazonas viniendo al galope por el campo atraídas por el olor a comida.

Cuando llegué a la orilla, me puse de pie y limpié con el gesto habitual el agua que me chorreaba por la frente. Pero esto era algo más denso y se me pegoteó en los ojos; al ver la cara de espanto de mi primo que corría hacia mí, y mis manos encharcadas de sangre, me asusté. Tuve miedo de desmayarme antes de poder decirles que me sentía bien, que no me dolía el cuello, qué a pesar de mi aspecto había nadado e incluso caminado, lo que descartaba una lesión grave. Entre él y Liliana me sostuvieron para que no me cayese y me llevaron hacia el coche, con ayuda de sus amigos y rodeados de gente que abría paso y se ofrecía para acompañarnos.

En el hospital, después de exámenes, radiografías, desinfecciones, costuras y vendas, me dijeron que en dos semanas estaría bien. En mi país suelen decir que los niños y los idiotas tienen un dios aparte, por eso yo tenía dos, y eso me salvó.
Se fueron yendo los amigos de mi primo que se mostraron atentos y preocupados, prometiendo volver a verme trayendo revistas y música ya que tenía que pasar varios días en el hospital. Es justo reconocer que ninguno se burló; en sus chistes solo aparecieron los términos: suicida, loco, arriesgado, etc. que interpreté como sinónimos de valiente. Sin duda eran buenos chicos, me halagó que me consideraran uno de ellos.

Quedé en una habitación a los cuidados de mi primo y Liliana, esperando que mis padres y tíos, oportunamente avisados, aparecieran y comenzase el turno de explicaciones, reproches, llantos de madre y todo el ritual al uso.
Aprovechaba para apretar de a ratos la mano de Liliana que tenía los ojos algo enrojecidos de haber llorado por el susto, es decir, por mí.
Sin duda había hecho lo correcto, había dado un gran primer paso, mejor dicho, un gran salto, hacia su conquista

- ¿Me salió lindo?- pregunté a mi primo.
Asintió convencido, me miraba con los ojos de niño de todos nuestros veranos, sonriendo con un aire cómplice, sabía porqué lo había hecho. Ella también, y comprendía que solo yo podía cometer una estupidez tan grande para impresionarla, por eso prometió visitarme todos los días.

Mi mejor recuerdo fue que camino al hospital, iba feliz en el asiento trasero del coche con la cabeza sobre el pecho de Liliana, que me abrazaba y me limpiaba la cara con una toalla mojada. Había conseguido llamar su atención y mis vacaciones comenzaban a mejorar. Ella había dicho que me prestaría su colección de tiras de Mafalda, su preferida.

Jorge movía rápidamente los controles del mando, que conectado a su ordenador guiaba a su personaje por los escenarios del entretenido juego; llevaba nueve horas sin parar; cuando tenía que comer o ir al baño, aprovechaba los tiempos perdidos para recargar su arsenal.
Sus padres se habían tomado unas vacaciones dejándolo solo durante dos semanas, creyendo que estudiaría para los exámenes finales que estaban a la vuelta de la esquina.
Ignoraban que las notas que le permitirían aprobar el año, ya estaban en las instrucciones del virus que él y un compañero, habían introducido en el sistema informático de la facultad.
Ahora jugaba con un ordenador conectado a otro más potente, que registraba los patrones del juego y las respuestas. Sobre la base de éstas, un programa de su autoría resolvía los lances con velocidad y eficacia, superior a la que podría alcanzar cualquier participante. En la mayoría de los casos, conseguía introducir un virus en el ordenador del contrincante para rebajarle la efectividad, de manera que no pudiesen ganarle.
Se competía por dinero y Jorge estaba ganando mucho: sus cuentas de PayCash, un banco de Internet, crecían céntimo a céntimo; al llegar a cifras importantes, su valor sería transferido a una opaca cuenta bancaria en Andorra.
Concretamente, en una semana llevaba ganado más que su padre en meses de trabajo como gerente de una agencia bancaria. Precavido, cambiaba su identidad varias veces, cediendo alguna suma al final de la partida, como lo haría un jugador agotado. En general, cuando perdía era contra sí mismo, ya que adoptaba falsas identidades, jugando desde obedientes "ordenadores zombis" de incautos internautas, que abrían su correo, entraban en las redes sociales o descargaban películas, sin saber que Jorge los había invadido hacía ya tiempo.
Para cada nueva identidad, abría una cuenta en PayCash usando números de cuenta obtenidos del banco de su padre, donde conseguía acceder furtivamente.
Nadie se enteraría nunca ni se tocarían los saldos de los clientes; solo necesitaba datos reales para abrir cuentas en PayCash, que se cerrarían después de transferir las ganancias del juego sin dejar rastros.
- ¡Qué lleno de tontos está el mundo!- pensó, al comprobar que sus ganancias crecían como la hierba tras la lluvia.
Jorge era un "hacker", un experto en informática invasiva gracias a Boris, estudiante ruso del programa de intercambio que estudió un año en su facultad y había retornado a su país hacía varios meses. Durante su estancia en el país, vivió en su casa; desde el primer momento hubo entre los dos una química espontánea, dos genios egocéntricos que se reconocieron de inmediato.
Una de sus primeras travesuras a dúo fue conseguir pizzas gratis por Internet, trucando el sistema de acumulación de compras. La fidelidad de los clientes era estimulada con vales premio; un porcentaje de ellos se adjudicaba fraudulentamente a crédito de los dos pícaros estudiantes.
Solo sentía un poco de culpa por haberse apropiado de los programas de Boris sin su autorización para confeccionar los suyos propios; simplemente, los había cogido aprovechándose de su confianza.
- ¡Qué inteligentes estos rusos…, pero tan ingenuos! – como se notaba que habían llegado al capitalismo hacía menos de veinte años.
Ya debía dejar de jugar, tocaba transferir las ganancias desde las PayCash de sus jugadores ficticios, hacia la cuenta del banco de Andorra, de donde las retiraría en metálico ese mismo fin de semana.
- ¡La vida puede ser maravillosa!- se dijo, usando la frase de un popular comentarista de fútbol.
Ordenar las transferencias una a una podía significar horas digitando códigos, contraseñas, números de cuenta, etc. Gracias a los programas de Boris podía procesar todo desde una base de datos.
En el monitor se sucedían los pantallazos con datos de cada transacción: "Nº de cuenta:", "Entrar", "Código personal:", "Entrar", "Cuenta destino:", "Entrar", etc.; imposible seguirlas con la vista.
Debía esperar que el proceso terminase y estaba hambriento. Aunque se sentía casi rico, haría lo mismo que cuando era un estudiante de bolsillo pobre: buscar en Internet la pizzería online, su sufrida primera víctima, donde siempre habría un saldo de vales premio.
La ocasión merecía algo especial, simbólico: la pizza "Boris" con cebolla y pimientos morrones, que por tramposos méritos había ganado un lugar en la carta oficial.
Agregó unos extras: aros de cebolla, latas de refresco y postres. Al llegar a "Elija forma de pago:", pulsó la opción de pagar con vales premio: "tic, tic, click, click y Gracias por su compra".
- Gracias a ustedes por darme de comer gratis- con sorna pensó que podría montar una ONG para alimentar fraudulentamente con pizzas, hamburguesas y patatas fritas al tercer mundo. Algo así como un Robin Hood de la "comida basura".
Las transferencias hacia Andorra demoraban una eternidad; imposible ver el detalle de los números a la velocidad que aparecían en pantalla, pero distinguió…enta y tantos mil dólares…, y subiendo. Un cosquilleo le subió por la médula, un tsunami de adrenalina recorrió su cuerpo y lo elevó al "Olimpo.com".
- ¡Viva Internet! , ¡Viva el comunismo!, ¡Vivan los genios como Boris y Jorge!- gritó, saltando por la habitación.
Cuando terminó el proceso de transferencia, temblando de emoción, abrió la cuenta del banco de Andorra para comprobar sus ganancias; observó que el saldo ascendía a… -¡Diez dólares!- lo mismo que tenía desde hacía un mes.
Incrédulo salió de la sesión y volvió a entrar, comprobando que efectivamente estaba contemplando su cuenta… diez dólares.
- ¿Qué está pasando…?- comenzó a marearse…- ¿Adónde ha ido el dinero?
Abrió las cuentas de PayCash: al final de los pequeños pero muy numerosos ingresos obtenidos en el juego, siempre había otro mayor, miles de dólares de origen desconocido.
Consultó los detalles: los pagos misteriosos provenían de cuentas de un número de banco que le era familiar… ¡El banco donde trabajaba su padre…, precisamente desde su misma agencia!
Como remate, los abultados saldos finales no se habían transferido a su cuenta en Andorra, sino a otras cuentas desconocidas.
El terror lo invadió al comprender que todo ese dinero había terminado en algún paraíso fiscal inalcanzable; tan remoto como la helada Siberia, donde purgó su culpa Raskolnikov, el asesino de "Crimen y castigo" de Fëdor Dostoievsky. Esta freudiana asociación de ideas no era casual, el pánico que crecía en Jorge le impidió disfrutar de tal sutileza.
No era necesario examinar nuevamente todas las cuentas para concluir que lo habían usado para un desfalco monumental contra el banco de su padre.
Se sentó a repasar mentalmente las posibilidades que tenía de revertir el proceso antes de que saltaran las alarmas; en el frenesí perdió la noción del tiempo.
Cuando lo sobresaltó el timbre de calle, su sonido le pareció irreal, como escuchado dentro de una catedral vacía. Deseó que fuese una redentora llamada desde un mundo paralelo, donde él era un estudiante que preparaba honestamente sus exámenes, contando monedas para poder comprarse una pizza.
Se dirigió hacia la puerta alucinando que podría ser todo una pesadilla y recuperaría el paraíso que sus padres le ofrecieron, el que había despreciado durante ese tiempo incomprensible que le tocó vivir.
- ¿Quién es?
- ¡Para Jorge Morales, una Boris especial!
- Ya voy- balbuceó. El nombre "Boris" le provocó un impulso de vómito apenas contenido. Abrió la puerta y le produjo un absurdo alivio el comprobar que efectivamente se le abriría un mundo nuevo. No le sorprendió que trayendo una pizza con ese nombre, el repartidor coincidiese en su llegada con una docena de agentes de la policía nacional.

FIN
R.L. / Julio 2010

Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio