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- ¡¡¡NÉSTOR...!!!
En la quietud de la noche, antes de dormirse, Néstor escucha un grito que corta la oscuridad.
Se levanta y abre la ventana; dos perros ladran como si fueran un eco, la prueba de que el grito existió; también parecen serlo unos golpes de puertas o ventanas que se cierran con violencia.
Vuelve a la cama, el grito perturbador resuena en su cabeza hasta que el cansancio lo vence.
Sueña que está en un ascensor, junto con mucha gente, todos apretados. Quiere bajarse porque que hay demasiado peso. Intenta salir pero con tanta gente no puede; pide que le abran paso pero nadie escucha. Ahora bajan a gran velocidad pero no se detienen nunca. La gente lo aprisiona, no puede respirar, el ascensor va ahora en sentido horizontal al encuentro de una luz que viene de frente. Empuja para librarse, y se despierta quitándose las mantas que lo aprisionan.
Al salir del edificio por la mañana, Néstor toma la dirección contraria a la habitual. Llega a la esquina y dobla, sigue por la acera unos cien metros, y entra en una calle estrecha sin salida. En el final hay una casa antigua de aspecto descuidado, con restos de un jardín en el frente; en la pared, una placa enmohecida pone "Residencia Montaigne".
Entra por la puerta entreabierta y encuentra a una mujer de bata azul limpiando el suelo con una fregona, que sumerge una y otra vez en un cubo. Están en un recibidor amplio, solo hay una mesa y una silla.
- Buenos días, ¿hay alguien con quien pueda hablar?
- Estoy yo, puedo escuchar y hablar.
- ¿Es ésta una residencia de ancianos?
- En parte, sí ¿Necesita algo?
- Información.
-¿Quiere ingresar a alguien aquí?
- Podría ser.
- ¿Es un loco?
- ¿Yo?
- No, la persona que quiere ingresar.
- Ah no, no lo es.
- ¿Viene a quejarse por los gritos que hay por la noche? Siempre vienen por eso y empiezan preguntando cualquier cosa para entrar en tema, ya ha habido hasta denuncias. Si le tranquiliza, le informo que este lugar cerrará.
- No vine a quejarme, aunque anoche escuche unos gritos y me pareció...
- Que la voz le era conocida.
- Puede, lo cierto es que la voz gritó mi nombre claramente.
Mientras hablan la mujer pasa la fregona siempre en el mismo lugar, aunque el suelo entero clama por una limpieza que no recibe hace años.
- No importa su nombre, ella lo llamó y usted vino; algo tendrá que decirle. Sígame que lo llevaré a verla, si es que está despierta.
- Espere, yo no quiero ver a nadie.
Pero la mujer, sin esperar, entra por la única puerta que da al interior de la casa. Él la sigue pero debe detenerse para acostumbrar los ojos a la oscuridad de un largo corredor.
Cuando puede camina hasta la puerta de la habitación de donde salen voces apagadas y se queda en la entrada. La mujer de la bata habla con alguien en voz muy baja, luego del cuchicheo se acerca a él:
- Quiere que le diga que debe alejarse de los ojos vacíos que lo siguen, son los de la muerte.
- ¿Qué ojos vacíos?, ¿De qué habla?
La mujer sale de la habitación obligando a Néstor a retroceder; cierra la puerta y vuelven por el corredor hasta el recibidor.
- Ahora está muy cansada, anoche no durmió bien, tiene que irse.
- ¿Puedo volver en otro momento?
- No vuelva más, ya escuchó lo que debía oír. Ella se altera demasiado y le hace mal; está muy débil y ya no dirá nada más.
- Entiendo. Gracias, adiós.
Se dirige a la puerta de salida; se vuelve para preguntar algo, pero la mujer ya no está.
Pasados unos días, se acerca a la casa pero encuentra las puertas cerradas, y nadie atiende su llamado.
Una noche, tiene el mismo sueño hasta que lo despiertan unos gritos; se asoma a la ventana y oye claramente:
- ¡¡¡NESTOR!!!
Un llanto más apagado reclama:
- ¡LOS OJOS, LOS OJOS VACÍOS!
Cuando vuelve el silencio, se mete en la cama. Por la mañana no tiene claro si todo fue un único sueño, se propone olvidar el tema y no ir más a la residencia.
Días después, sale a la calle y se encamina hacia la vieja casona. Cuando llega, unos hombres con monos azules cargan muebles en un camión.
Se acerca al más fornido que parece dar indicaciones a los otros.
- ¿Perdone, sabe si hay alguien en la residencia?
- Que yo sepa, hace muchos años que aquí no hay nadie, y yo vivo desde siempre en este barrio. Tengo que vaciar la casa antes de que la derriben, no lo había hecho todavía porque había intenciones de reformarla, pero ahora van a construir un edificio de viviendas. ¿Quiere algún mueble de aquí?, puede llevarse lo que quiera, tendré menos cosas que cargar en el camión.
- Hace poco hablé con la mujer que limpia, y había pacientes adentro.
- ¿Pacientes?, todos los locos y viejos que vivieron aquí alguna vez ya fueron trasladados o murieron. Los que usted vio serían vagabundos que ocupan casas vacías; esa gente intenta meterse en cualquier lugar abandonado. Le puedo asegurar que aquí no hay nadie desde hace mucho tiempo.
- ¿Puedo entrar?
- Todavía tenemos que retirar unas cosas; puede hacerlo pero esté atento, no sea que lo dejemos encerrado.
Observa que falta la placa con el nombre de la residencia y entra. En el hall donde habló con la mujer de bata azul, no hay ningún mueble; el suelo está sucio, pero el lugar donde la mujer fregaba obsesivamente, está limpio.
Desde el recibidor, pasa la puerta que da al interior, respirando un aire cargado de humedad.
Las habitaciones tienen los suelos y paredes sucias, pero una de ellas, donde estaban las dos mujeres, parece haber sido ocupada recientemente. Hay marcas donde estarían ubicadas la cama y alguna cómoda, y las paredes guardan restos de un empapelado.
Por la ventana se ve un patio cubierto de hojas secas, se pregunta cuantos otoños fueron necesarios para formar esa alfombra tan compacta.
La luz del sol ilumina de lado los cristales, que llevan adheridos una lámina de suciedad donde un dedo trémulo ha escrito "NESTOR, TE MIRAN LOS OJOS DE LA MUERTE". La frase es como una descarga eléctrica en su cerebro.
- Oiga, tiene que irse porque debo cerrar; ya viene la máquina de demolición para echar abajo todo esto - el hombre del camión le gruñe desde la puerta de la habitación y corta su línea de pensamiento.
Un sorpresivo golpe aplicado desde afuera hace que los cristales de la ventana salten en pedazos, todavía resiste un trozo adherido al marco, en el que se puede leer a contraluz "NESTOR, TE MIRAN". Al tironear para despegarlo, se corta la mano y suelta el cristal, que se pulveriza contra el suelo.
- ¡Deja de aporrear la ventana que todavía estamos adentro, animal! - grita el hombre a uno de sus empleados que se asoma enarbolando un martillo, luego arrastra a Néstor por el brazo hasta el jardín.
- Amigo, tengo que hacer un trabajo, y usted me está demorando -le dice malhumorado.
- Claro, perdone.
Se repite que debe olvidar el tema, que de todas maneras, ya no volverá a escuchar aquellos gritos.
Efectivamente, es eso lo que ocurre; pero hoy sus pasos lo han llevado nuevamente hasta lo que era, ¿una semana?, ¿un mes antes?..., la residencia Montaigne.
Una valla metálica rodea el solar, y unas máquinas excavan el terreno para preparar los cimientos de un edificio.
Si lo piensa bien, no conserva ninguna prueba material de lo ocurrido allí; la reciente cicatriz que lleva en su mano podría ser consecuencia de una torpeza en el manejo de alguna herramienta.
Abandona el lugar. Camina hasta la estación de trenes y sube las escaleras de acceso a la plataforma. Desde ese punto las vías se extienden por un carril elevado sobre la avenida llena de coches que avanzan de forma lenta e intermitente. Saca el billete en una máquina y espera en el andén, buscando una explicación que rellene el hueco que se ha abierto en su interior y que amenaza con no cerrarse.
El tren entra despacio, es uno de los nuevos modelos controlados por sistema informático. En las ventanillas donde debería verse un maquinista, no hay nadie. Como es la primera estación del trayecto, no trae gente; se detiene con un ruido de descompresión de frenos y se abren las puertas.
El último vagón queda delante de él; los graffitis dibujados hasta en los cristales, representan personas con cuerpos deformes llegando desde la nada y orientados hacia las puertas de entrada. En sus caras de ojos huecos, negras bocas gritan horrores mudos, como en el cuadro "El grito", de Edward Münch.
La gente entra y ocupa los asientos: empleados, estudiantes cargados de libros y carpetas, un ciego que lleva una mochila a la espalda y es guiado por un perro blanco...
Néstor se gira hacia el panel de información que avisa de la salida en diez minutos; lee y relee para no mirar hacia el tren porque presiente que lo que verá, lo helará de espanto. Sigue el movimiento de letras y números, esperando que esa racionalidad digital sea punto de referencia para calmar su mente alucinada.
Alguien lo roza y pasa de largo. Mira a la persona que lo tocó y que camina hacia la escalera de salida con un perro blanco.
Lleva prisa, se diría que se cambiaron los roles y ahora el ciego es el guía; lo último que ve de él es la calavera fumando, símbolo de su grupo de rock preferido, sobre una espalda que ahora no lleva mochila.
Se rinde a la atracción de mirar lo que ocurre a su lado y se gira: las figuras pintadas se mueven; caminan o reptan hacia las puertas, y van entrando en el vagón como en una procesión de ojos y bocas vacías.
Permanece inmóvil en el andén mientras se cierran las puertas y el convoy se aleja por el ramal elevado, hacia el punto donde se sumergirá para cruzar la ciudad bajo sus cimientos.
Aunque el tren ya está algo lejos cuando entra en la boca del túnel, la explosión lo sacude. Desde su lugar ve la bola de fuego en la que se convierte el último vagón.
...
- ¿Necesita ayuda? - un agente de seguridad del metro lo vuelve a la realidad, o a otra dimensión de su delirio...
El vagón de las figuras, ahora inmóviles, ronronea delante de él, esperando que le llegue desde el centro de control la orden de partir.
- No, gracias - dice, y encara la puerta de entrada. Necesita aferrarse al guión escrito para ese día, no debe permitirse ser afectado por alucinaciones.
Todos los asientos están ocupados y se ubica de pie cerca de la puerta. En el panel de información interno, el mensaje de letras rojas le avisa que faltan siete minutos para partir.
El chico sentado a su frente se levanta, le deja el asiento libre y se va hacia el próximo vagón.
Sigue entrando gente; Néstor se sienta, acomoda su bastón blanco de ciego entre las piernas y acaricia la cabeza de su perro. Se quita la mochila de la espalda y la ubica debajo del asiento; como tiene el tamaño exacto encaja en el hueco sin sobresalir, parece formar parte del mobiliario. Mira como cambian los minutos que restan para la partida; cuando lee que faltan dos, se levanta para salir del vagón.
Un último grupo de pasajeros llega a la carrera y entra a los empujones. La presión que provocan hace imposible abrirse paso hacia la puerta; el perro le impide caminar porque se ha desplazado de un costado a otro rodeando sus piernas con la correa.
Intenta librarse del lazo que lo aprisiona pero es imposible, las personas del vagón ahora lo miran con sus cuencas vacías y oscuras.
Puede ver como se acelera el panel: cincuenta..., veinte..., sólo dos segundos para la partida...
Se cierran las puertas y el tren se pone en marcha acelerando hacia la boca del túnel, ya falta nada para alcanzarlo. Ahora todo es real: el cerco de condenados que lo observan mientras lo arrastran consigo hacia la trampa que él les había preparado
FIN
R.L. / Marzo 2011

Le había dicho a Juan que no me dejase sola, ellos vendrían en cuanto escuchasen el ruido del coche alejándose.
Son muy listos, solo aparecen cuando Juan no está, por eso nunca pudo verlos y no me cree cuando le cuento que me golpean las puertas y el techo y se ríen de mi miedo.
A veces, al girarme, veo la sonrisa de uno de ellos mirándome desde la ventana desde hace no sé cuanto tiempo, con sus horribles ojos parecidos a los del Rey de Espadas.


Cuando nos deja alguien como ella, todos pensamos en su obra, nos entra un afán de evocar sus canciones. Algunos queremos ahuyentar una pequeña culpa por haber dejado pasar un tiempo sin recordarla; yo quiero reflexionar sobre su relación con su tiempo y el mío, y qué me aportó en esto tan difícil de comprender la vida.

Con ella supimos que hubo una vez una vaca que un día decidió ir a la escuela, allá en la lejana quebrada de Humahuaca. Para los que no lo saben, es un destino turístico del norte argentino, un valle habitado desde hace diez mil años. Hoy día, los viajeros piden que se les muestre la escuela donde estudió tan famoso personaje, el visitante puede sentarse en el primer banco, y por unos pocos pesos adicionales, los chicos de la escuela juegan a tirarle tiza y a morirse de risa, como en el cuento. Pero solo un poquito, porque ninguno de ellos quiere repetir la historia y convertirse en borrico, mientras que la vaca se convierte en sabia.
Yo aprendí a leer a los cuatro años, me enseñó mi papá con el cuento de Pedro y el Lobo. Pocos años más tarde, mi imaginación viajaba sobre páginas de libro como si fuesen alfombras mágicas. Así llegué a Mompracem, una isla de la Malasia donde Salgari me presentó al pirata Sandokan y a su amigo Yañez, por ahí cerca vivían Rudyard Kipling, Mowgli y Bagueera la pantera.
Otras veces volaba a Inglaterra para vivir aventuras con los Caballeros del Rey Arturo o Robin Hood y sus bandidos, que luchaban contra Tony Blair, Margareth Thatcher y los duques de Windsor.
De los bosques de Sherwood saltaba a los Estados Juntos, a buscar a Colmillo Blanco y Jack London. Desde el Yukon bajaba al Misisipi, al encuentro de Mark Twain, Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Cuando este río se une al Amazonas, encontraba a Bomba, el niño de la selva, un Tarzán brasileño que luego sería soldador, sindicalista, y se convertiría en el Lula.
De la confluencia de los dos, nace el Paraná, mi río hermoso y marrón. Por él navegué en la Kon-Tiki, mi balsa, que luego sería de Lito Nebbia, escuchando las historias de Horacio Quiroga, un uruguayo genial, de esos que para suerte nuestra, son ciudadanos del mundo entero.
Viajar por la pampa con una balsa, cansa, ya lo dijo el conquistador Carlos Núñez Cortés, así que la cambié por el caballo Pamperito, y viví aventuras de gaucho junto a Martín Fierro y Don Segundo Sombra.
En aquella época, por suerte, no había tantos canales de televisión ni videoconsolas;  teníamos tiempo para pescar, cazar pajaritos, hacer casas sobre los árboles, buscar dientes de dinosaurios en las barrancas del río, leer, y hasta sobraban unas horas para la escuela y deberes.

Mis lecturas me habían llevado a la convicción de que los que escribían historias y canciones para chicos, suponían que éramos tontos.
Yo aborrecía a Cenicienta, me parecía una trepa que daba el gran braguetazo. Blancanieves, una calienta enanitos; ni se dio cuenta de que la reina de negro era su madre, que intentaba matarla por tercera vez con una manzana envenenada. Típica familia necesitada de terapia, y obsesión de los escritores por demonizar a las manzanas.
Canciones para niños..., ¡qué decir de Mambrú!, lo mandan a la guerra, se muere, lo llevan a enterrar cuatro oficiales y un cura sacristán...y todo entre risas.
Inquietante la farolera; se acostaba con el coronel y todo el regimiento, en una insaciable progresión binaria: de a dos, de a cuatro, de a ocho.... Terminaba arrodillada frente a un ánima bendita, para redimirse pagando algún perverso tributo, probablemente un "divinum militarum felatio".
Resumiendo, para las chicas, las propuestas eran ser cenicienta (las lindas, princesas las feas, a saber...) o faroleras. Para los chicos, el militarismo, ahí ya se podía elegir entre ser víctima o verdugo.
Había chicos que querían ser faroleras, o alguna una chica coronel, pero no te dejaban.
Parece antiguo, pero hay gente que todavía promueve la alternativa Cenicienta;  ejemplo: el predicador budista Richard Gere y sus documentales "Oficial y Caballero" y "Pretty Woman". No habrá leído Tutú Marambá...
El caso es que desarrollé una aversión a las historias infantiles y salí un poco raro. Admiraba al lobo, lloré su muerte ante esos tres cerditos grasientos y asexuados, alimentados a comida basura del MC. Donald's y que al final cantaban:
Coma sano,
pocas calorías,
sopa de lobo,
la dieta del marrano.
Yo soñaba con ser el lobo y comerme a Caperucita, pero en un contexto idílico. Que no suene hoy a abuso de menores, en aquella época no se notaba la diferencia de edad entre nosotros dos, nadie diría que ella tenía doscientos años más..., tendría un cirujano plástico excelente.
Es que no se salva una, el leñador abre al lobo y saca a la abuela y a Caperucita vivas. Uno se preguntaba:¿y el efecto corrosivo de los jugos gástricos sobre la piel?, ¿¿ lobos rumiantes??
El título original del alemán es "Leben und Tod des kleinen Rotkäppchens: eine Tragödie", dicho así parece una dulce historia. ¿Quién era en realidad esa niña?, ¿Prima de Heidi?, ¿Angela Merkel?, en mi fantasía es la madre de Claudia Schiffer.
Este drama, es originario del Tirol; un lugar donde viven unos niños de verdad que cantan hace cuatrocientos años sin envejecer, porque al terminar sus gorjeos vuelven a sus tumbas de hielo.
Así llegué a ser de lo peor, me atraían las reinas oscuras y malvadas y las brujas (las que no tenían verrugas en la nariz y conservaban todas sus piezas dentales). Con esas escobas, volando como Mrs. Robinson sobre un vespino.
Esta atracción por las brujas no es tan rara, algunos la han llevado hasta el final, casándose con una, no es mi caso
Ya de las hadas no me fiaba... Como toda libélula, son la metamorfosis de un gusano. Monjitas aladas, mojigatas pero peligrosas con esas varitas echando chispas, y yo siempre desconfié de gente que pone cara de buena.
A esas alturas, mi futuro yo tomaba la forma de un serial killer
Confuso, habiendo leído ya todos los libros de mi casa, de las bibliotecas de la escuela y del barrio, le pedí una sugerencia literaria a mi maestra, y me mencionó el Tutú Marambá, uno de los primeros libros de María Elena Walsh.
Historias inteligentes para niños, todo un descubrimiento, ojala se hubiese escrito ocho años antes.
Pensaba yo estar de vuelta de tales fantasías, pero llegué a ver al gato bandi, pescando sombre, allí, allí, sentado en su ventani.
La tortuguita ilusa que cruza el mar hasta Europa para hacerse un lifting y cambiar de vida. Deportada, debió volverse nadando, con lo que se arrugó de nuevo; pero por suerte su tortugo todavía la esperaba en Pehuajó.
Pude rellenar aquel oscuro hueco de cuentos infantiles tontos y morbosos, con historias del Tutú Marambá y lo que vino detrás, con música de chacarera, baguala y ragtime.
Creí en el mundo del revés, donde un perro pequinés se cae para arriba y una vez, no pudo bajar después; un lugar donde un ladrón era vigilante y otro juez.

Como dije al principio, siempre relaciono la obra de un artista con el mundo que lo rodea en su momento creativo, y con mi propia historia.
Con María Elena Walsh y sus canciones, tomabas el té o el café con leche. Algunas veces todo podía volverse amargo, porque los coroneles eran malos y pinchaban la mermelada, y nadie sabía porqué.
Una vez el ladrón que era vigilante y el otro que era juez, se escaparon del mundo del revés y se instalaron en el mundo del derecho.
Los coroneles empezaron a pinchar y matar a gente que escribía o escuchaba canciones así, o que no querían ser farolera o mambrúes por la fuerza.
Lo amargo se convirtió para muchos en un horror del que se fue saliendo gracias a unas mujeres, que un día fueron a una plaza con la misma convicción con que la vaca de Humahuaca, toda vestida de blanco, se sentó en el primer banco.
A estas mujeres, menos tiza, les tiraron de todo; también les gritaron de todo, pero siguieron allí. Un día, todos los que se reían de ellas se convirtieron en borricos, los coroneles y generales que pincharon a la gente se convirtieron en delincuentes, les salieron rayas negras en la piel y todos supimos porque.

No eran solo canciones de niños. Son canciones para quererlas desde niño, entenderlas en las dimensiones infinitas de un niño; y de grande, seguir encontrándoles facetas nuevas.
Son como una casa de mil habitaciones llenas de sol, o un jersey muy suave y querido que nos sigue entrando aunque hoy estemos más gorditos, y que algún día agujereará una polilla.
Y hasta en ese momento, podremos reírnos un poco, si imaginamos que fue la polilla del cuento de María Elena Walsh.
Fue la primera que me aprendí y la usé mucho para ligar, a las chicas les enternecía, le debo mucho a esta canción. A mi mujer le encantó que se la cante cuando empezamos a salir, una de las razones por las que la quiero desde entonces. ¿Me entienden ahora eso de encontrarles siempre facetas nuevas?


LA FAMILIA POLILLAL
María Elena Walsh

La polilla come lana
de la noche a la mañana.
Muerde, come, come, muerde
lana roja, lana verde.

Sentadita en el ropero
con su plato y su babero,
come lana de color
con cuchillo y tenedor.

Sus hijitos comilones
tienen cuna de botones.
Su marido don Polillo
balconea en un bolsillo.

De repente se avecina
la señora Naftalina.
Muy oronda la verán,
toda envuelta en celofán.

La familia polillal
la espía por un ojal,
y le apunta con la aguja
a la Naftalina bruja.

Pero don Polillo ordena:
--No la maten, me da pena;
vámonos a otros roperos
a llenarlos de agujeros.

Y se van todos de viaje
con muchísimo equipaje:
las hilachas de una blusa
y un paquete de pelusa. 


- ¿Puedo sentarme aquí?
- Hay muchas mesas libres, y prefiero estar sola.
- Por favor, deja que te explique, si me siento contigo, podré aprobar el examen.
- ¿Que examen?
- Para conseguir el empleo más importante de mi vida, colaborador en un periódico.
- ¿Y qué tengo que ver con eso?
- Hoy es la entrevista con el psicólogo y lo más importante que evaluará es mi autoestima.
- De nuevo, ¿Qué tengo que ver con eso?
- Sentado desayunando contigo, empezaré bien el día, los demás pensarán que eres mi amiga o mi novia, yo me sentiré un triunfador y lo notará el entrevistador.
- ¿Crees que tu fantasía te ayudará?, hablar conmigo puede perjudicarte.
- Tienes la apariencia de una chica inteligente, estás leyendo a un ruso, debes ser estudiante de letras o filosofía. Vestida con unos vaqueros y un jersey que te queda algo grande pero no oculta  que tienes un lindo cuerpo; no el de una chica que lo cuida obsesivamente, sino de la que lo recibió como un don que agradece, pero no lo usa para conseguir cosas en la vida. Prefiere conseguirlas por el camino más difícil del esfuerzo y el intelecto. También eres muy linda pero usas gafas como para ocultar tanta belleza.
- Muy halagador, pero prefiero estar sola y que nadie piense que estamos juntos.
- Otra chica usaría lentillas, pero a ti te sirven para interponer una barrera entre tú y la gente.
- Parece que contigo esa barrera no funciona.
- Es que a mí no me atraen las chicas vistosas ni lo superficial y externo, me gusta el interior.
- ¿Y porqué no tomas ahora mismo un tren hacia alguna provincia lejana?
 - Solo serán unos minutos, sé que el psicólogo de la empresa desayuna aquí, me verá contigo y me recordará.
- ¿Como lo sabes?
- Si esta aquí te verá, porque los hombres te miran; después observará detalles: ¿quién es el afortunado que está con ella?, ¿como habrá hecho para conquistarla?, me observará con más atención, y me reconocerá después.
- Tú no estás conmigo ni me has conquistado.
- Ellos no lo saben, pero lo supondrán por la forma en que te miro.
-Yo no veo nada especial.
- Ellos sí, los hombres saben como se comporta uno de la especie cuando le gusta una mujer, leen el lenguaje gestual.
- Muy National Geographic; según tú, ahora ellos estarán viendo claramente que yo te gusto.
- Es lo que creen, porque estoy fingiendo que me gustas, lanzo señales inconfundibles.
- También verán que tú a mí no me gustas.
- Lo tomarán como la indiferencia típica de las intelectualizadas; sus problemas para generar o expresar sentimientos les dan ese aire de que siempre se pierden algo...
- Ahora tengo más ganas de que te vayas.
- No me malinterpretes. Ellos te ven así, yo no, yo veo una chica sensible y dulce a la que podría escribirle una poesía que dejaría a Neruda como redactor de prospecto de medicamento.
- ¿También eres poeta?
- Si llegaras a gustarme lo sería por ti, pero antes debería conocerte mejor.
- Mi interior, no hay trenes hacia allí, al menos para tí ¿Y por qué levantas tanto ese libro?
- Lo hago para que se vea la tapa: "El chiste y su relación con el inconsciente" con la foto de don Sigmund Freud. Otro detalle que genera empatía y lo recordará en la entrevista; aparte de la admiración por quién conquista a una chica como tú, un ganador. Muy importante para los planes de recursos humanos de cualquier empresa. Lo podríamos mejorar si me dejaras tenerte de  la mano.
- Ni se te ocurra. ¿Llevas el libro para usarlo en tu puesta en escena?
- No, lo estoy leyendo.
- ¿Te interesa la psicología?
- Entre otras cosas, ¿y a ti?
- A veces.
- Estarás de acuerdo en que el mío es un buen plan.
- Algo retorcido.
- Necesito ese trabajo; para una persona con mujer e hijos que mantener, es vital.
- ¿Estas casado?
- No, pero me gustaría estarlo algún día y tener hijos, entonces será vital.
- ¿Es lo que te gustaría?
- ¿El qué?
- Este empleo y casarte.
- Casarme, sí; y el empleo para poder escribir novelas.
- ¿Eres escritor?
- Escribo historias; si te refieres a vender algún libro mío, no. Todavía debo escribir mi gran novela, para lo que debo conocer a la persona maravillosa que sacará toda la creatividad que bulle aquí adentro y que a veces hasta duele. Por eso intento hablar contigo.
- No puedes evitar soltar todo ese rollo.
- ¿Cual rollo?
- De que buscas a alguien maravilloso, suena a entrada.
- ¿Porqué? Solo te pedí sentarme en tu mesa para sentirme bien, impresionar al psicólogo, reforzar mi autoestima, conseguir el empleo para pagarme los estudios y el alquiler. De buscar a esa chica especial, ya me encargaré yo solo..., aunque pensándolo  bien...
- ¿Qué?
- Tendrás alguna amiga que puedas presentarme, porque tú debes tener amigas lindas e inteligentes. Es esa luz que desprendes, cuando has entrado se notó. EL señor de la mesa a tu izquierda pudo por fin leer cómodamente, antes tenía que girarse hacia la ventana, hasta parece más joven; y la pareja esa estaba discutiendo y ahora están de la mano porque se ven mejor y se han reconocido; si embelleces a los que están cerca ocasionalmente, mucho más a los amigos. Intentas ocultarlo, pero tu brillo es tan fuerte que no lo controlas, me recuerdas a Campanilla.
- Lo que dices es muy bonito; ahora que lo pienso, tú tienes algo de Peter Pan.
- Sé que te refieres al síndrome del hombre/niño, pero Campanilla se enamora de Peter Pan, esa es mi fantasía. Aunque hablábamos de alguna amiga tuya.
- Si lo tuviera y la apreciara, no sé si te la presentaría.
- Puede ser egoísmo. ¿Y alguna a la que odies?
- No odio a nadie.
- Solo a mí.
- No te odio.
- Es porque te caigo mal; siento que mi autoestima se resquebraja.
- No quise dar esa impresión, para halagarte un poco diré que tienes mucha imaginación, llevas aquí mucho rato y todavía no llamé al camarero para que te eche.
- Si consigo el trabajo puedo invitarte a cenar como agradecimiento.
- No voy a cenar contigo.
- Puedo pagarte una cena en un restaurante para que invites a tu novio.
- No tengo novio.
- Ah, perdona por mencionarlo...es preocupante.
- ¿Preocupante?
- Que con todos los chicos que estarán disponibles para ti, todavía no tengas novio.
- No dije que nunca lo haya tenido. ¿Y qué es preocupante?
- Tanta gente te estará buscando, sin poder llegar a tu corazón, no sabrán cuál es el camino.
- Y tú lo sabes.
- Lo sabré después de conocerte más, en eso estoy ahora.
- Sonó algo tópico pero no estuvo mal. En todo caso no son tantos los candidatos, no todos piensan como tú.
- ¿Como pienso yo?
- Lo que has dicho, que te gusto.
- Dije que le gustas a los hombres y que finjo que me gustas. Para mí eres demasiado...no sé.
- ¿Demasiado qué?
- Demasiado de algo que te hace inalcanzable; por eso será que teniendo tantos interesados alrededor, estés sin pareja. Muchas exigencias talvez.
- ¿Pero quien te crees para juzgarme?
- Perdona, tienes razón, debería estar agradecido de que me hayas  permitido sentarme a tu mesa.
- No te lo he permitido, es que todavía no conseguí que te vayas.
- Seguro que consigo el empleo. Pero llegados a este punto de nuestra conversación, creo que si hablo más contigo, me dirás lo que piensas de mí y me deprimiré, no aprobaré la entrevista.
- Solo por ayudarte te diré que no pienso mal de ti.
- ¿Y que piensas?
- Que estás un poco loco, pero eres divertido y sabes agradar el oído de una mujer.
- Eso es bueno para ser escritor o conquistar una chica, ¿No?
- Es lo que se busca para escribir historias o crónicas en un periódico y que interesen a la gente.
- ¿Te gustaría entonces que aprobase la entrevista?, seria mérito tuyo.
- Me gustaría, pero no sería mío el mérito.
- Si cuando salga, todavía sigues aquí,... ¿puedo decirte como me fue?
- Bueno.
- E invitarte a cenar.
- Si.
- Cenamos entonces.
- Dije que sí podías invitarme, no que aceptaría. Eso está por verse.
- ¿Y de que depende?
- Del resultado de la entrevista.
- Me siento genial, estoy a punto de conseguir el empleo y cenar contigo. Debo prevenirte que soy capaz de mentirte sobre el resultado con tal de volver a verte.
- No podrías, conozco al psicólogo que te entrevistará.
- ¿Conoces al psicólogo?, a Alex Schwar... no se qué.
- Es Alexandra Schwartzman, soy yo.
- ...
FIN
R.L. / Febrero 2011

  
Es sábado, día de fútbol por la liga de polígonos industriales. Shimbutel Servicios de Telecomunicaciones, contra Enaya Editora Técnica.
Si Shimbutel gana, será campeón anticipado faltando dos fechas. Es un equipo que viene muy bien, en sus filas hay españoles, argentinos, chilenos, colombianos y mexicanos. Expresiones e insultos originales enriquecen el nivel cultural de los partidos.
Shimbutel tiene bajas por lesión y para este partido traen una novedad: Kenzaburo Nagakata, ingeniero electrónico japonés que llegó cuando  Shimbum Tokio Electronics compró la antigua Infotel.
Jorge, español, portero y estrella del equipo conversa con Luís, argentino, que no juega gran cosa pero anima a los compañeros y pone nerviosos a los contrarios.
 - Oye Luís, ¿Estás seguro del japonés? Esto no es artes marciales.
- Tranquilo, lo he visto jugar; es rapidísimo, se gira en una baldosa con movimientos precisos de ninja.
- Pero si apenas habla castellano, yo sólo me entiendo con él en inglés.
- Lo básico lo entiende, y lo que importa es su juego.
- Un tipo raro, míralo ahí separado del resto, dos años aquí y no tiene un amigo, vive encerrado en el laboratorio.
- No tanto, yo en el trabajo no confraternizo con él porque es un obsesivo, pero es buen tipo. Lo he invitado a mi casa varias veces porque lo veo muy solo.
- ¿Y cómo se siente Kenzaburo aquí? 
- Como un extraño; él proviene de una familia de militares, su padre y  abuelo fueron oficiales del emperador; todos descendientes de samuráis. Kenzaburo traicionó a sus antepasados: no quiso seguir la carrera militar, prefirió  ser ingeniero y casarse con una coreana que lo abandonó, otra ofensa a la familia. Me contó su historia una noche que se bajó una botella de JB él solito; la palabra que más usó fue "traición".
- Por eso tan introvertido el pobre.
- Su padre se suicidó al perderse la guerra y su madre murió sin perdonarle a Kenzaburo su traición. Ella donó las cosas del marido a un museo, negándole el conservar cualquier recuerdo. Sólo le quedan fotos del padre con uniforme de oficial y de la espada, que pudo hacer en el museo. Kenzaburo es un sobreviviente.
En el vestuario están todos muy animados y empiezan las bromas.
- Luís, a ver si hoy hablas menos y corres más.
- Hoy tenemos al equipo de la ONU en campo: ¡Desde Japón el samurai Kenzaburo! - le responde.
Sonríe al japonés que devuelve una mirada seria, no comprendió la broma o está de mal humor, piensa Luís, y agrega:
- Jorge, nos salvaste muchos partidos; si nos haces ganar hoy, puedes pedirme lo que quieras.
- ¿Lo que quiera? - Jorge lo mira.
- Lo que quieras.
- Verás Luisito, si ganamos y me meten menos de tres, me prestas a tu novia - muchas risas, todos conocen las exageraciones de estos dos. Kenzaburo detiene sus movimientos de estiramiento y mira con atención.
- Eso arruinaría mi futuro matrimonio; pero te puedo hacer una mamada - todos, menos Kenzaburo, se ríen.
- ¿Palabra de honor? - pregunta Jorge.
- Palabra de honor de Luís Casals.
- Si le haces una mamada, puede gustarte y eso sí arruinaría tu matrimonio - apuntan.
Entre risas, salen a jugar. El partido termina tres a cero, triunfo de Shimbutel: gol de Jorge de falta, y dos golazos como sol naciente de Kenzaburo.
Sobre el final los perdedores hicieron entradas muy duras. Kenzaburo, que aguantó todas las patadas de su vida, barre a un jugador de la editora, que es retirado por sus compañeros. El ambiente se caldea y el árbitro finaliza antes de la hora, para evitar una trifulca.
Se abren muchas botellas de cerveza y todos celebran. Kenzaburo es abrazado; los vencidos se van entre un intercambio de burlas.
Luís improvisa un cántico con música de "Tengo un tractor amarillo" para despedirlos, todos la cantan entre saltos:

Tengo un campeón amarillo
Kenzaburo Nagakata
que se folla a los rivales
aunque juegue en alpargatas.

Kenzaburo parece incómodo con la canción y tanto ruido sobre su figura;  pero comparte la avidez de todos por el gin con naranja.
Algo borrachos se van a los vestuarios, no queda nadie más; el encargado les deja las llaves y se va.
Kenzaburo interrumpe las risas y bromas plantándose enfrente de todos; viste la toalla blanca como un luchador de sumo y sus ojos están brillantes y enrojecidos.
- Luís, ahora tú cumplir promesa y hacer mamada a Jorge - todos estallan en carcajadas.
- Tranquilo, Kenzaburo, un acuerdo por su novia se lo hacía cumplir, pero esto se lo perdono - le dice Jorge, que sale de la ducha - pero si a usted le interesa, le cedo el premio.
Todos ríen desaforadamente; Kenzaburo fulmina a Jorge con su mirada:
- Kenzaburo no maricón, tú y Luís sí maricones, que se hacen mamadas.
Borja, el gerente, cree tener la obligación de intervenir:
- Bueno Kenza, eso no va en serio, son bromas entre nosotros. Se acostumbrará a nuestras payasadas cuando venga a jugar todos los sábados, usted es un jugador de puta madre.
- Madre de Kenzaburo sagrada, tú has ofendido ella - el japonés encara a Borja, que posa su mano sobre el japonés y le dice:
- No joda con su madre Kenzaburo, son solo palabras... - no termina la frase; el puño de Kenzaburo le da en la cara y lo estampa contra las taquillas.
Todos saltan hacia él, pero se detienen al verlo clavar la temible postura del karateca.
Borja resbala hacia el suelo sangrando por la nariz.
- Puto tortuga ninja, me has roto la nariz, yo no quería insultar a tu madre pero tú eres un verdadero hijo de puta.
Kenzaburo amaga hacia Borja pero Luís se interpone.
- ¡Tío, tío!, mejor te tranquilizas o te damos una paliza y llamamos a la policía - lo de la paliza suena absurdo.
- Nadie sale de aquí hasta no cumplir promesa de mamada. Promesa es honor de personas - sentencia Kenzaburo.
Andrés, el colombiano, casi dos metros de altura y ciento y tantos kilos, sacude al japonés por los hombros.
- Que promesa ni ostias, era una broma, pendejo, esto no es el puto Japón...
 Un golpe de Kenzaburo acierta a Andrés en la traquea y lo deja en el suelo boqueando como un pescado. Dos compañeros lo socorren y lo ayudan a respirar.
Kenzaburo da un grito de guerra y con un golpe del canto de su mano quiebra un banco de madera de tablas muy gruesas. 
   Jorge comprende que la situación se les va de las manos y organiza una retirada hacia las duchas llevándose a los heridos; Luís queda como encargado de negociar.
- Kenzaburo, aquí las cosas son diferentes, las palabras tienen otro valor, usted ha entendido mal.
- Las palabras tienen valor igual a honor de personas. Si usted Luís es buena persona, con honor, debe cumplir y hacer mamada a Jorge.
Abre su bolsa y saca una espada japonesa, como de samurai pero de cincuenta centímetros; mientras se ata un pañuelo blanco a la cabeza, dice:
- Nadie sale vivo aquí si no cumplir palabra de honor.
El guerrero Kenzaburo desenvaina, corta unas rebanadas de aire antes de ponerse en posición de combate; Luís aprovecha para correr hasta las duchas donde se refugiaron sus compañeros, que cierran la puerta después de dejarlo entrar.
- Tiene una catana de medio metro.
- Eso no es una catana, es una Wakisashi, los guerreros samurai solían llevar ambas consigo, el conjunto se llama daisho, literalmente “la larga y la corta” - dice uno.
- Gracias por ilustrarnos, ya me siento más tranquilo.
Kenzaburo grita y golpea la puerta.
- ¡Ahora honrar palabra con acto íntimo contra natura que van a cumplir Luís y Jorge. Salir ya, o rompo puerta, entro y hago cumplir!
- Señor Kenzaburo, yo ser Francisco, no prometer mamada a nadie y admirar cultura japonesa: gusta mucho Sushi, y tener Hyundai, muy buen coche. ¿Poder irme?
- Traidor, te quieres rajar ¿Por qué hablas como un aborigen?, y el Hyundai es coreano.
- Yo qué sé, para que me entienda mejor.
La voz de Kenzaburo suena como cólera de Zeus:
- ¡Francisco y todos juntos cantaron Kenzaburo campeón amarillo que folla rivales en alpargatas. Kenzaburo no maricón homosexual, no folla con hombres!
- Joder Luís, tú y tus bromas, tus mierda de canciones de barra brava ¿No podías ponerle otra letra?
- Kenzaburo, soy Francisco de nuevo. ¡Piense un poco hombre! Ya me dirá cómo nos vamos a hacer mamadas entre compañeros como si nada.
- Kenzaburo no puede decir cómo se hace mamadas, no maricón, ustedes saber.  
A Luís le entra el pánico:
- Escuche Kenzaburo, a usted nadie le hizo nada y no puede obligarnos a cumplir lo que se dijo en broma.
- Palabra es honor de persona; el que falta a la palabra hoy, falta honor mañana y después traiciona amigo; es capaz de traicionar patria y emperador. Mi padre se suicidió con espada para cumplir promesa ante emperador.
- ¡Acabe ya con la historia de su padre y su puto emperador, eso aquí no vale! - grita Borja.
- Antes ofendiendo madre, ahora ofendió emperador y Kenzaburo no poder permitir.
Dos golpes terribles sacuden la puerta y desprenden a medias las bisagras, otro golpe como ese y Kenzaburo entrará con su Wakisashi.
Alguien dice:
- Ya hablé con mi mujer y llamará a la policía, ¡Lo van a deportar Kenzaburo!
Luís intenta ganar tiempo hasta que venga alguien:
-Kenzaburo escuche, disculpe lo dicho sobre el emperador, su padre era una persona de honor y habrá luchado valerosamente. ¿Por qué se suicidó?
- Porque lucharon mal y perdieron guerra.
- El emperador los llevó a la guerra, se equivocó y su país perdió. ¿Por qué no se suicidó el emperador también, si él era el máximo culpable?
- Emperador hijo del sol, no puede suicidar.
- Pero manda a los demás a suicidarse por él, eso se llama ser hijo de...- alguien le tapa la boca, pero Luís grita - ¡Si fuera justo, hubiera ordenado a su padre que no se suicide, para que pudiese cuidar de su mujer y de su hijo Kenzaburo!
Enrique, chileno, con su cadencia de profesor interviene:
- Vea Kenzaburo: este tema es interesante para debatirlo en una mesa de café entre amigos. Salvador Allende, votado por su pueblo, cuando fue traicionado se suicidó él solito por sus principios, eso es tener honor y coherencia...
- No lo cabreen más con lo del emperador, ¿Ahora le sueltan un discurso comunista republicano? - les suplican. Luís sigue:
- Kenzaburo, seré curioso: ¿El Honorable Emperador está bien de salud?
- No, morir hace años.
- Le presento nuestras condolencias y respeto, Kenzaburo. Por seguir en el tema: ¿El de ahora es su hijo?
- No importar si ser hijo o nieto. Usted prometió mamada; es maricón y engaña a su novia Marcela que lo ama, no defiende honor de  Marcela.
- Yo no soy maricón y amo a Marcela; si quiere mañana hablamos con ella y le contamos esto, seguro que se va a reír mucho.
- ¿Reír?, ¿Aquí todo ser broma?, ¿Todo puto? Ahora cualquiera decir cualquiera cosa: gobierno miente, oposición miente, gente promete cosas que no cumple. Cuando Shimbum compra Infotel mostraron balance mentira para aumentar precio venta. Durante dos años busqué pruebas de que mienten a matriz  de Japón con facturas falsas y ya encontré. Borja ordena trabajos y factura con otra empresa diferente, paga compras más caras a amigos suyos y ustedes dejar. Por eso Shimbutel cierra empresa y perderán empleo.
- Borja, tío, ¿Es eso cierto? Si salimos de ésta tendrás que explicar muchas cosas - dice uno.
- ¡Mejor se busca un abogado, Kenzaburo, con la que montó hoy la tiene cruda! - le grita Borja.
- No se qué tengo cruda pero no necesito abogado, tengo Wakisashi.
Se escucha un grito in crescendo, de alguien que se acerca a la carrera. Un golpe tremendo derriba la puerta y entra Kenzaburo como una tromba pisando el ventanuco de cristal que se rompe; con el traspié pierde el equilibrio y vuela hasta darse con la pared del fondo.
Los más decididos se aprestan a caer sobre él para intentar dominarlo pero ven que por debajo de su cuerpo inmóvil, surge un hilo de sangre que corre hacia el sumidero.
Lo dan vuelta y ahí está la espada clavada en su cuerpo, con el mango sobresaliendo entre dos costillas y levemente inclinado hacia arriba.
No saben que hacer, quitarle le espada del cuerpo podría ser peor. Jorge y Luís se quedan tapándole la herida con una toalla para detener la hemorragia, los demás salen a buscar ayuda.
Kenzaburo quiere hablar pero jadea y se ahoga, Luís le hace respiración boca a boca; consigue reanimarlo y despejar los pulmones.
- Aguante Kenzaburo, que ya viene el médico.
Kenzaburo susurra:
- Borja roba en empresa, ya mandé documentos a Japón. Pido perdón a otros por ofensa y golpes.
- No se preocupe Kenzaburo, ellos saben que se le fue la mano con el gin.
Les sonríe a los dos, sus ojos se hacen menores pero más expresivos.
- Pero tú Luís, das besos de maricón...Já...Já - y le entra la risa.
- En buena hora le ves la gracia, cabrón - le dice Jorge
- Basta japonés boludo, no te rías que te vas a ahogar - Luís lo inclina para despejarle la garganta y vuelve a hacerle el boca a boca.  
Cuando llega la ambulancia Kenzaburo Nagakata yace muerto en los brazos de Luís y Jorge que lloran. Shimbutel ya es la campeona de su última liga de los polígonos.
FIN
R.L. /  Marzo 2011
Basado en: La causa justa
De Osvaldo Lamborghini (1983)

  
Le mando esta muestra humilde
de mi verso primitivo,
no pretendo un canto altivo,
solo gritar mi grito,
mi arte vuela bajito,
como loro en colectivo.

Es afición verdadera,
sabrá usted, no soy artista,
desde un teclado le mando
mi verso malabarista,
una mirada sincera
de informático analista.

No me confunda, le ruego,
con un psicoanalista urbano,
que habla de Edipo el griego,
un personaje freudiano,
y el cariño por su madre,
en el diván le interpreta
como un amor despreciable
degenerado y sotreta.

Puede el gaucho desahogarse,
cuando el deseo lo aqueja,
en el amor de una oveja,
en el temblor de su mano,
pero amigo, no es cristiano
querer voltearse a su vieja.

Si es que la sangre ya hierve
puede, hasta el ser más rudo,
perderse en el lado oscuro:
buscarse un gaucho limpito,
que en discreto rinconcito
lo sacará del apuro.

Tiene la cosa su riesgo
asegún dice la ciencia,
lo escuche matando el tiempo
no piense que es mi experiencia.
Si lo prueba, se lo advierto
hay daño colateral,
será duro sentarse
y dolerá al cabalgar.

Las burlas de la peonada
es preferible evitar,
lo mejor, echarse al campo
pa' lo que pueda pescar,
la pampa siempre está plena
de audaces formas de amar.

A naides le haga desprecio,
es malo ser petulante.
Ave, roedor o rumiante,
como ejemplos le destaco:
chajá, vizcacha, un guanaco
suelen ser buenos amantes.

No quiero darme de sabio
digo solo lo que entiendo.
El ñandú no recomiendo
mi consejo no le oculto,
tiene fama de agresivo
y puede patearle el bulto.

Zoofilia es vicio anticuado,
le recomiendo la tele.
Yo me puse ADSL en
mi rancho informatizado,
me veo milongas porno,
con mi aire acondicionado.

Por el cable 3D, iPhone,
llega el amor a mi catre
y la orgía a mi madrugada;
me compré por internet,
esas muñecas hinchables
que no se niegan a nada.

No hay parientes, no hay cuñado
ni suegra que sea una lata,
jamás me han pedido plata
o ropa cara pa' ponerse,
no exigen que las converse
ni que me lave las patas

No saben hacer un locro
ni freír una empanada,
como bajo en calorías
vivo a base de ensalada,
pero cuando llego al rancho
después de dura jornada,
hay que ver como al dentrar
me abraza la mujerada.

Pero pa' serle sincero,
confieso que no he comido
locro, empanada o guiso
ni nada, juro compadre,
que pudiera compararse
a la comidita e' mi madre

Y así termina esta carta
con rima pero sin arte.
Se despide respetuoso
y complacido en saludarle,
este gaucho de la red
que lo aprecia de verdad,
que quiso acercarle sus versos
al calor de la amistad.

FIN
R.L.  /  Marzo 2011

 
Me acuerdo. Fue en Balvanera
en una noche lejana,
que alguien vio un agujero
en mi bufanda de lana.
Alguno dijo también
después de acercar la silla,
- esto no es agujero e' bala
es mordisco de polilla-.
Quién sabe por qué razón
me anda buscando ese insecto,
se atreve a comer mi ropa
y a ofenderme el intelecto.
Nadie con hambre tan firme
habrá volado en la tierra,
nadie llegó de ese modo
a declararme la guerra.
Audaz la veo, y cabal,
con su plato y su babero,
su buen vasito de vino,
devorándome el ropero.

Desde el boliche, furioso,
y rodeado de mi gente,
volví buscando desquite
contra ese bicho insolente.
Desde la puerta del cuarto
la llamé con voz muy clara,
antes cerré la ventana
para que no se escapara.
Grité: ¡A ver si tenés el coraje
de defender tu vida!
¡Si no salís del armario
te lleno de insecticida!
Tras el cristal, el patio,
las torres de Balvanera;
y la muerte rondando
en una noche cualquiera.
Por la puerta entreabierta
con un gesto desafiante,
mi temible enemigo
surgió con vuelo elegante.
Nadie vio sus rasgos. Vieron,
bajo la luz amarilla,
choque de sombras o insectos,
coraje de hombre y polilla.
El primero que ataca
toma ventaja en el duelo,
con una certera estocada
la alcancé y trunqué su vuelo.
Cayó, como cae un ave,
desgraciada criaturita,
por suerte no se golpeó
porque la almohada es blandita
Sólo Dios puede saber
la laya fiel del bichito,
señores, yo estoy cantando
lo que ocurrió en un ratito.

Acaso en aquel momento
en que la vi, allí vencida,
pensé que a un varón no cuadra
convertirse en homicida.
Me acordé de aquella historia
que escuché de chiquitito,
donde una polilla tenía
casa, marido e hijito.
Estaba herida la pobre,
tenía un golpe en la alita,
le puse iodo, una crema,
y le apliqué una tirita.
Entre todos los presentes
le armamos una cunita,
le regalé la bufanda
para que duerma abrigadita.
Ahora tengo una amiga,
no importa que la gente hable,
compartimos soledades
y vemos tele por cable.
Cuando vuelvo del trabajo
después de dura jornada,
me espera con su sonrisa
y la comida preparada.
Hay que ver con que cariño
me persigue por la casa,
a veces hasta me ayuda
a ponerme la alpargata.
Cuando vienen los amigos
y se arma la guitarreada,
nos hace mate cocido
con galleta y mermelada.
De tanto escuchar artista
y disfrutar de la farra,
ahora escribe poesía
y hasta toca la guitarra.
Dice que tiene un novio,
me lo presenta mañana,
ya le explicó, son sagradas
todas mis prendas de lana.
Es parte de la familia,
yo la llamo María Elena,
por poner, le puse el nombre
de una polilla buena.

FIN

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